Ponerse siempre de parte de él o ella, contra vecinos, maestros o cualquier tipo de autoridades.

Es normal y muy importante apoyar a los hijos en todo lo que hacen, en todo lo que emprenden y que ellos sientan que usted, como padre familia, lo entiende y lo defiende, ese entorno hace sentir al niño importante y le da el sentido de pertenencia al hogar donde se desarrolla, pero cosa muy diferente es darle siempre la razón y no creerle a nadie más.

He trabajado en instituciones educativas desde el año 2,000 y he visto muchos casos en los cuales, al niño se le encuentra haciendo algo malo como robando exámenes, fumando, distribuyendo algún material inadecuado para los niños de su edad y hasta teniendo algún tipo de actividad sexual o delictiva, y cuando llegan los papás lo primero que hacen es negar todo sin siquiera escuchar, con la excusa de que “mi hijo no es así” queriendo hacerse los buenos padres a sabiendas que los han abandonado por trabajo o cualquier otro tipo de situación que le absorba tiempo (Regularmente el padre o madre que más abandona a los hijos es el que más niega las cosas) y aunque vea las pruebas, escuche a los testigos y sepa que en realidad su hijo si es así, lo primero que hace es negarlo y echarle la culpa a todos los demás incluyendo a quién lo acusa, y lo más probable es que también amenace con demandas a la institución porque él o ella no hace nada, esto está lejos de ser buen padre y hace un daño muy grave en los hijos. Me recuerda a la imagen de aquella madre (amorosa sin ninguna duda) que le decía a un adolescente que estaba sobre un techo retando a la policía, cuando era parte de un motín en el Centro Preventivo (donde mataron a personal penitenciario): “¡Bájate de ahí bebé!”

Hay otro extremo: también vi a padres de familia que en cuanto les decían que su hijo se portó mal, se volteaban y le pegaban duro en la cara o donde pudiera al hijo, avergonzándolos en frente de las autoridades y dándoles todas las armas para que se burlaran de ellos diciendo cosas como:  “ !Eres una vergüenza!” “¡¿eso se te ha enseñado en casa?!” “¡solo para eso servís!” esto tampoco es una acción aceptable, ya que eso hiere el corazón del niño y denota también abandono y falta de disciplina en casa, solo hay violencia, no corrección. Proverbios 17: 10 dice “Es más efectivo un solo regaño al que tiene entendimiento que cien latigazos en la espalda del necio.” El que solamente con violencia se arreglen las cosas en casa, hace que los hijos se vuelvan necios.

Lo mejor es ver las pruebas, escuchar a las personas que acusan el mal comportamiento del niño o niña, analizar de la mejor manera y neutra posible si es algo en lo cual hay suficiente material que en realidad acusa al niño o niña y tomar una actitud de arrepentimiento ante las autoridades y no regañarlo muy fuerte en público, sino de que se va a aplicar el correctivo pertinente y aceptar las consecuencias que las autoridades proponen (siempre y cuando sean acorde a sus competencias y no sean exageradas o que afecten la integridad del alumno) y reprender en casa de la manera más sabia posible.

La Biblia repite una y otra vez que solo los sabios aceptan que se les corrijan, pero para llegar a ser sabios debieron de pasar por la instrucción de casa, porque no se educa en el colegio, se educa en casa y en el colegio solo se les enseña. Proverbios 12:1 “Para aprender, hay que amar la disciplina; es tonto despreciar la corrección.” Y esta debe de ser la meta de todo padre, que los hijos aprendan a aceptar la corrección cuando se cometan los errores, de lo contrario, usted le enseñará a su hijo que: Todo el mundo está mal, solo ellos están bien, eso le afectará a usted también en el futuro, porque “todo el mundo” lo incluye a usted.